Las hojas caídas en el fondo no son un capricho decorativo. La mayoría de los pequeños carácidos, las rasboras, los bettas y los cíclidos enanos viven en los arroyos del Sudeste Asiático y en los afluentes del Amazonas. Allí el fondo está cubierto de hojas caídas, y son ellas las que oscurecen el agua.

Qué aportan las hojas al acuario

  • Los taninos acidifican suavemente el agua y le dan un tono de té. En agua blanda el efecto se nota; en agua dura es casi nulo, porque el tampón de carbonatos devuelve el pH a su sitio.
  • Refugio y sombra. La luz tenue y los escondites quitan estrés a los peces crepusculares y tímidos, y los alevines y las gambas se ocultan entre las hojas.
  • Alimento para los alevines. Sobre la hoja en descomposición crece una biopelícula con infusorios: el primer alimento de los alevines demasiado pequeños incluso para los nauplios de artemia.
  • Aspecto natural. El agua y el fondo oscuros realzan el color del pez: sobre un sustrato claro los mismos ejemplares se ven apagados.

Las hojas no curan a los peces ni sustituyen a los cambios de agua. El color de té no dice nada sobre la limpieza: los nitratos y el amoníaco son igual de peligrosos en esa agua, solo que no se ven.

Qué hojas sirven

  • Catappa (almendro de la India): la opción más habitual; hojas grandes, muchos taninos y descomposición lenta.
  • Roble: sustituto asequible de la catappa, rico en taninos, con una hoja resistente que aguanta meses en el agua.
  • Haya: más suave que el roble, buena opción cuando no hace falta acidificar mucho.
  • Morera, magnolia, guayaba: hojas densas, de descomposición lenta; las de guayaba además las ramonean con gusto las gambas.
  • Piñas de aliso: no son hojas, pero funcionan igual y son cómodas de dosificar, unas pocas por acuario.

Qué no se puede poner

  • Coníferas: abeto, pino, tuya, enebro, por sus resinas y aceites esenciales.
  • Plantas tóxicas: adelfa, tejo, laurel cerezo, boj.
  • Nogal: contiene juglona, una sustancia que daña a los organismos acuáticos.
  • Hojas blandas que se pudren rápido: chopo, abedul, arce, castaño; se deshacen en pocos días y provocan un brote de putrefacción.
  • Cualquier hoja verde arrancada de la rama. Al acuario solo va la hojarasca seca: la hoja viva conserva savia y clorofila, así que se pudre en lugar de ceder taninos.
  • Todo lo recogido junto a carreteras, en la ciudad o en terrenos tratados: las hojas acumulan metales pesados y restos de productos químicos.

Cómo prepararlas

Recoja hojas secas caídas en otoño, en el bosque, lejos de carreteras y cultivos. Enjuáguelas con agua corriente y después escáldelas con agua hirviendo durante 10–15 minutos o hiérvalas 5–10. El agua hirviendo hace dos cosas a la vez: retira el polvo y las esporas de hongos y hace que la hoja se hunda. Una hoja sin tratar flota una semana en la superficie.

Guárdelas secas, en una bolsa de papel. En un bote cerrado, una hoja mal seca se enmohece.

Cuántas poner

Como referencia, una hoja grande de catappa (12–15 cm) por cada 15–20 litros, o un puñado de hojas de roble por cada 50 litros. Empiece por menos: la acidificación depende de la dureza de carbonatos, y en agua muy blanda la misma cantidad desplaza el pH bastante más. Tras añadirlas conviene medir el pH al día siguiente y una semana después; hay más sobre esto en la sección Composición hidroquímica del agua.

Las hojas se reponen a medida que se descomponen, normalmente cada tres a ocho semanas. La película blanquecina y el ligero mucílago sobre la hoja son biopelícula. Es normal y sirve de alimento. Hay que retirar la hoja cuando se deshace en una papilla y enturbia el agua.

Quién no necesita hojas

Los peces de agua alcalina —cíclidos de Malaui y Tanganica, vivíparos, especies salobres— no deben tener hojarasca: su agua ha de seguir siendo dura y alcalina. Tampoco es lugar para hojas un acuario en tratamiento: los taninos fijan parte de los medicamentos y la dosis deja de ser previsible.