Junto a la temperatura, en cada ficha aparecen dos o tres números más: pH, dGH y a veces dKH. No son un formalismo: con frecuencia son ellos los que están detrás de la muerte inexplicable de un pez al que «se alimentaba correctamente». Veamos qué significa cada uno y qué hacer con ellos.
pH — acidez
El pH indica si el agua es ácida o alcalina. La escala va de 0 a 14 y el centro neutro es el 7: por debajo el agua es ácida, por encima alcalina.
Lo principal que conviene recordar es que la escala es logarítmica. La diferencia entre pH 7 y pH 6 no es «una unidad»: el agua se vuelve diez veces más ácida. Entre 7 y 5, cien veces. Por eso mover el pH «solo un punto y medio» en una tarde no es un ajuste menor, sino un cambio brusco de medio.
Cada pez necesita un agua distinta. Los habitantes de las aguas negras del Amazonas y de las turberas del Sudeste Asiático —discos, apistogrammas, gouramis de regaliz, muchos tetras— viven a pH 4,0–6,5. Los cíclidos de los grandes lagos africanos, los vivíparos y la mayoría de las especies salobres necesitan lo contrario: agua alcalina de 7,5 a 8,5.
dGH — dureza general
El dGH es la cantidad de sales de calcio y magnesio disueltas. El agua blanda (hasta 6 dGH) es propia de las selvas lluviosas; la dura (a partir de 15 dGH), de los lagos con lecho calizo.
La dureza importa más de lo que parece: de ella depende la presión osmótica y, con ella, el trabajo de los riñones y las branquias. Un pez de agua blanda en agua dura lucha constantemente contra un exceso de sales, y uno de agua dura en agua blanda pierde electrolitos. De ahí la apatía y la muerte «sin causa» unas semanas después de la compra.
dKH — dureza de carbonatos
El dKH es el contenido de carbonatos y bicarbonatos. Por sí mismo apenas afecta al pez. Pero es el dKH el que mantiene el pH estable: los carbonatos actúan como tampón y amortiguan la acidificación que se produce sin cesar en el acuario por la respiración de los peces y la descomposición de la materia orgánica.
Un dKH bajo es la causa principal de las caídas repentinas de pH. Por debajo de 3 casi no queda tampón y el pH puede bajar una unidad entera en una noche. Por eso, al preparar agua blanda y ácida, mantenga el dKH al menos en 2–3 y, mejor aún, vigílelo con un test aparte.
Con qué medir
Los test de gotas son más baratos y precisos que las tiras: estas se desvían hasta medio punto de pH y se estropean pronto con la humedad. Un medidor electrónico de pH es cómodo, pero hay que calibrarlo con soluciones tampón: sin eso miente más que las tiras.
Conviene medir tres cosas: el agua del acuario, el agua del grifo tras reposar y el agua que usa para los cambios. La diferencia entre las dos últimas es la causa más frecuente de estrés durante los cambios.
Cómo bajar el pH y la dureza
- Ósmosis inversa. El agua de ósmosis casi carece de sales y se mezcla con la del grifo en la proporción necesaria. Es el método más predecible.
- Turba y piñas de aliso en el filtro o en un recipiente aparte: sus taninos acidifican suavemente el agua y le dan un tono de té.
- Troncos y hojarasca actúan igual, solo que más despacio. Véase el artículo Qué hojas de árboles se pueden usar en el acuario.
Los preparados embotellados para bajar el pH, sin agua de ósmosis, son casi inútiles: con un dKH alto el tampón devuelve el pH en un día y el pez recibe un vaivén en lugar de estabilidad.
Cómo subir el pH y la dureza
- Sustrato calcáreo: arena de coral, caliza o conchilla en el filtro o en el fondo.
- Sales específicas para cíclidos africanos y para acuarios salobres: suben tanto la dureza como el pH.
- El bicarbonato sube solo la dureza de carbonatos y el pH, pero no aporta calcio ni magnesio, así que no sirve como única medida.
La velocidad importa más que la exactitud
Un pez sano tolera un pH poco habitual mucho mejor que un cambio rápido de este. El ritmo seguro es de no más de 0,3 unidades de pH al día y de unos 2 dGH al día.
De ahí una regla sencilla: si el agua del acuario se aleja mucho de la que desea, acérquese con cambios a lo largo de una o dos semanas, no de una sola vez. Lo mismo con los peces nuevos: la aclimatación lenta, de media hora o una hora, sirve justo para que la diferencia de pH y dureza no actúe como un golpe.
Cuándo es mejor no tocar nada
Si el pez vive, come y no muestra signos de enfermedad mientras los parámetros solo se salen un poco de lo recomendado, lo sensato es dejarlo todo como está. Un agua estable con una dureza «equivocada» es más segura que otra perfecta sobre el papel pero inestable. Conviene intervenir en tres casos: los parámetros están lejos de los necesarios, prepara a los peces para el desove o mantiene una especie que necesita sí o sí agua blanda y ácida.